1. El Ferrocarril Olvidado: Carbón y Acero
La senda debe su existencia al ingenio del siglo XIX. Construida para transportar carbón desde Teverga y Proaza hasta la Fábrica de Armas de Trubia, hoy es un camino de paz. Sin embargo, resulta crítico señalar que la memoria industrial se desvanece: las estaciones languidecen sin placas que honren al minero y al ferroviario que forjaron estos valles.
2. El Corazón de la Senda: Paca, Tola y Molina
El centro emocional de la ruta es el Cercado del Monte Fernanchín. Aquí viven Paca y Molina, símbolos de la lucha por la conservación del Oso Pardo Cantábrico. Tras la pérdida de Tola en 2018, este espacio sigue siendo una parada obligatoria para entender la fragilidad de nuestra fauna más majestuosa.
3. Enclaves de Valor: De la Prehistoria al Embalse
El recorrido es un museo al aire libre: desde el prerrománico de Santo Adriano de Tuñón hasta la inmensidad de Cueva Huerta. Nuestro destino, el Embalse de Valdemurio, ofrece un descanso necesario bajo las cumbres de Quirós, donde el agua refleja la historia de una central eléctrica que cambió el paisaje en 1968.
4. Gastronomía Local
No se puede pasar por Trubia sin probar los bizcochos de El Vasco. Y para una comida contundente, los valles ofrecen el Pote de Castañas (típico de Teverga) o un buen plato de caza, fundamentales para recuperar las fuerzas tras los 40 kilómetros de ruta.
Actualidad 2026: Se ha inaugurado recientemente una nueva señalización digital en tramos seleccionados de Proaza que permite, mediante realidad aumentada, visualizar cómo eran los antiguos trenes de vapor circulando por los túneles que hoy cruzamos a pie.
Reflexión de Tierra y Camino
“La razón de que estemos tan a gusto en la naturaleza es que ella no tiene una mala opinión de nosotros.” — Nietzsche.
Desconectarnos de la tecnología para reconectar con el verdín de los túneles de Bárcena no es un lujo, es una necesidad biológica. Si no preservamos este entorno, las futuras generaciones solo conocerán el silencio de la montaña a través de una pantalla.
Epílogo: La Senda del Oso no es solo un carril-bici; es un viaje por la columna vertebral de la montaña central asturiana. Sobre el antiguo trazado del tren minero, cruzamos túneles y desfiladeros que la Reina María Cristina calificó como "horriblemente bellos". Un recorrido donde la historia del carbón y la supervivencia del oso pardo se funden en un paisaje indómito.
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