Sabías que...: El Faedo de Ciñera recibió el premio al "Bosque Mejor Cuidado de España". Recientemente, se han intensificado las labores de mantenimiento en las pasarelas para asegurar que la alta afluencia de visitantes no dañe las raíces de las hayas centenarias, un equilibrio delicado entre turismo y ecología.
Esta ruta nos transporta al corazón de la Montaña Central Leonesa, donde la naturaleza ha reclamado su espacio sobre una historia de esfuerzo minero. Nuestro camino es dual: primero, la calma y la magia del Faedo, un hayedo galardonado; y luego, la tensión geológica de las Hoces de Villar. Todo comienza en el histórico pueblo de Ciñera de Gordón, donde la chimenea de la minería se apaga para dar paso al verde del bosque.
I. El Faedo: El Bosque Mágico de Cienfuegos
Damos los primeros pasos en Ciñera, un pueblo marcado por el carbón, cuya plaza e iglesia son el punto de partida. Tras un cómodo tramo de asfalto y pista, nos metemos de lleno en el Faedo. Este hayedo centenario ha sido premiado por su belleza, y con razón. Para preservar su delicado ecosistema y hacerlo accesible a todos (niños, mayores o personas con discapacidad), se ha instalado una larguísima pasarela de madera.
- Acontecimiento Destacable (Historia Real): El Faedo de Ciñera debe su conservación, en parte, a la protección que le brindó históricamente la minería, al quedar al margen de la explotación maderera. Hoy, su haya más famosa, de unos 500 años (Fagus), es un símbolo de la resiliencia natural. La pasarela es un ejemplo de cómo la infraestructura puede servir a la conservación, aunque nos obliga a extremar la precaución en algún tramo donde faltan tablas.
II. El Desfiladero: Las Hoces de Villar
Dejando atrás la comodidad del Faedo, la ruta se estrecha y se vuelve ascendente hacia el impresionante desfiladero de las Hoces de Villar. Este es el tramo que exige concentración y cautela.
- Leyenda del Gigante Petrificado: La espectacularidad de las hoces, con sus paredes verticales, evoca las leyendas de gigantes. Se dice que el desfiladero fue abierto por un gigante enfurecido que, al pasar, golpeó la montaña con su puño. Las piedras gigantes escalonadas que vamos sorteando en ascenso, algunas con peldaños esculpidos, y que nos obligan a utilizar el bastón, parecen confirmar que este sendero fue tallado por fuerzas sobrenaturales. Vadeamos el Arroyo de Villar en varias ocasiones, siempre con la mirada atenta a las alturas.
III. Los Pueblos y el Regreso Sereno
Tras superar el desfiladero, salimos a la luz en lo más alto, donde pudimos contemplar toda la Sierra del Sardonal. El camino se vuelve placentero hasta llegar al pueblo de Villar del Puerto.
- Villar del Puerto: Un núcleo de montaña con un pasado histórico como nudo de comunicaciones, que nos ofreció el merecido descanso y el tentempié para descargar la tensión acumulada en las Hoces.
- La Vid de Gordón: La segunda parte de la ruta, más tranquila, nos llevó por una carretera sosegada y una vaguada irregular. El camino desciende suavemente hasta La Vid. Este pequeño pueblo, cuyo nombre evoca la presencia histórica de viñedos en una zona sorprendentemente alta, sirvió de punto de inflexión. Tras cruzarlo, un tramo final de escalera (57 peldaños) nos devolvió al punto de partida en Ciñera.
Una vez en Ciñera, y tras cuatro horas de caminata, el final fue la celebración: comer el bocata en la terraza del Bar Hispano, donde se impone la norma fundamental de nuestro club: disfrutar del refresco solicitado en el bar como cortesía por el uso de su espacio. Una muestra de convivencia y respeto que sella la jornada.
🍴 Sabores de la Montaña Central
León es tierra de buen comer, y en la zona de Gordón no faltan opciones para recuperar el aliento:
- Cocido Gordonés: Una variante del leonés, perfecto para los días de frío en la montaña.
- Embutidos de Ciñera: El chorizo y la cecina de esta zona tienen un toque ahumado especial debido a la altitud y el clima.
- Nicanores de Boñar: Si pasas cerca, estos hojaldres de mantequilla son el postre legendario de la montaña leonesa.
Reflexión Final: El Contraste Necesario
La ruta del Faedo y las Hoces de Villar es un ejercicio de contrastes. Nos recuerda la importancia de la calma (en el hayedo accesible) y del esfuerzo concentrado (en el desfiladero). Los pueblos de Ciñera, Villar y La Vid, testigos de la dureza de la montaña y el ingenio humano, nos ofrecen el marco histórico a una naturaleza que, pese a los siglos de minería, sigue siendo profundamente salvaje. Nos vamos con el recuerdo del silencio del Faedo y el eco de las piedras bajo nuestros bastones.
📸 Galería: El Faedo y las Hoces
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