1. La Ruta del Coto: Entre Castaños y Vistas al Aramo
Caminar por las laderas de Morcín es sumergirse en un mosaico de verdes. Los olores de los eucaliptos y castaños marcan el paso mientras la Sierra del Aramo se despliega ante nosotros. Con Oviedo a nuestras espaldas y el Picu La Mostayal vigilante, el ascenso nos regala una de las mejores panorámicas de la Montaña Central.
2. El Torreón: Un Vigía Medieval
El Torreón de Peñerudes, documentado desde el siglo XII, fue mucho más que una torre defensiva. Utilizado como coto de caza por el Obispado de Oviedo y más tarde propiedad de la influyente familia Argüelles, custodiaba el acceso al centro del Principado. Hoy, sus tres plantas imaginarias nos invitan a viajar a un pasado de feudos y cacerías reales.
3. Tradición en la Cumbre: El Belén de Pisasenderos
La historia milenaria deja paso a la amistad. Por tercer año consecutivo, el grupo Pisasenderos corona la torre para instalar su Belén de Cumbres. Es el momento del brindis, donde el peso de las mochilas se compensa con el cava, los turrones y la risa compartida, sellando un compromiso con la montaña que se renueva cada Navidad.
Actualidad 2026: El entorno del Torreón ha visto mejorada su señalización informativa este año, facilitando a los senderistas la comprensión de las excavaciones arqueológicas que intentan desentrañar si sus cimientos tienen realmente raíz romana.
4. Gastronomía de Morcín
Tras el brindis en la cumbre, Morcín ofrece su tesoro culinario: el Queso de Afuega'l Pitu, uno de los más antiguos de Asturias. No olvides probarlo en sus variedades blanco o rojo (con pimentón) para completar una experiencia sensorial total en estos valles.
Reflexión de Tierra y Camino
“La montaña nos ofrece paisajes y desafíos, pero son las personas las que dan sentido al esfuerzo.”
Peñerudes nos enseña que el camino bajo los pies es solo la mitad del viaje; la otra mitad es la amistad que se celebra en la copa y la memoria que protegemos bajo las ruinas.
Epílogo: En el corazón de Morcín, el Torreón de Peñerudes se alza como un centinela del tiempo. Esta ruta, que culmina a 530 metros, fusiona la sobriedad del románico con la calidez de nuestras tradiciones. Colocar el Belén de Cumbres bajo sus muros en ruinas es un recordatorio de que la montaña no solo guarda tesoros y leyendas, sino también los brindis y la camaradería que dan sentido al camino.




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