A veces salimos a la montaña buscando cimas, pero ella tiene otros planes para nosotros. En el ascenso desde Yernes hacia los Puertos de Marabio, aprendimos que la verdadera victoria no es llegar, sino saber cuándo es el momento de regresar. Una jornada de resistencia contra rachas de 100 km/h donde la seguridad fue la única ruta posible.
El día comenzó sin complicaciones aparentes, con un calor inusual para la época. Partimos de Yernes, a 690 metros de altitud, con el objetivo de ganar altura en una ruta que, desde el primer metro, se mostró exigente. Un ascenso constante, llevadero pero sin descanso, que nos llevaría a alcanzar un desnivel positivo de 1.134 metros.
Iniciamos la marcha por un camín húmedo, con ese barro que tanto caracteriza a nuestra tierra, pero que no suponía mayor problema. Sin embargo, al ganar altura y salir a la zona de carretera, el protagonista absoluto hizo su aparición: un viento feroz que nos obligaba a un esfuerzo extra en cada paso. El sol, aunque presente, se aliaba con el aire para castigar nuestros rostros, que poco a poco empezaban a sentir el rigor de la montaña.
🌬️ El Desafío de la Naturaleza
Según ascendíamos por la zona de la collada, la intensidad del aire se volvió insoportable. Las rachas eran tan fuertes que decidimos actuar con prudencia y protegernos de la inclemencia. En la montaña, lo atrevido no existe; solo existe el respeto. Cambiamos de planes y nos dirigimos hacia el entorno de Cuevallagar (o Cueva Llagar), una zona de impresionante valor geológico en el Monumento Natural de los Puertos de Marabio.
Allí, junto a un refugio que nos sirvió de escudo, paramos a tomar el tentempié y recuperar fuerzas. Pero el clima nos tenía guardada una última lección. Justo cuando decidimos desviarnos hacia Santo Adriano del Monte, el tiempo cambió radicalmente. La lluvia apareció con una intensidad que nos obligó a sacar capas y paraguas. La montaña nos estaba echando (literalmente), y supimos escucharla.
🛡️ La Seguridad es lo Primero
Iniciamos el regreso hacia Yernes por la carretera para evitar posibles caídas en senderos embarrados. El viento, unido a la lluvia, nos golpeaba con tal fuerza que debíamos hacer palanca con los bastones para no ser arrastrados. Es en estos momentos cuando se agradece estar rodeado de buena gente y donde las decisiones rápidas marcan la diferencia entre un susto y una anécdota.
🍽️ Gastronomía: Sabor a Refugio
En una ruta tan brava como esta, al regresar a Yernes o pasar por Teverga y Grao, el cuerpo agradece la cocina de cuchara:
- Pote Asturiano: La mejor medicina para recuperar el calor perdido bajo la lluvia de Marabio.
- Queso de Afuega'l Pitu: Muy típico de esta zona central, con ese sabor fuerte y auténtico.
- Ternera Asturiana: Un buen filete de los valles para reponer las fuerzas que se llevó el viento.
🧘 Reflexión del Sendero
Lo importante de un día de ruta es sentirse seguro. Hoy aprendimos que saber renunciar es, en realidad, una victoria. La montaña siempre estará ahí, esperando a que volvamos en un día más amable. Lo que perdura es el buen rato compartido y la certeza de que, cuando se toman decisiones con cabeza, el camino siempre merece la pena.📸 Galería de la Aventura
Imágenes de una jornada de lucha y respeto en Marabio








No hay comentarios:
Publicar un comentario
Cada paso cuenta, y tu opinión también. ¿Conocías este rincón? ¿Tienes alguna recomendación extra para otros senderistas? Cuéntanoslo aquí. (Moderamos los comentarios para cuidar la calidad del blog).